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Fotos: Chon Sánchez

Vicente Enguix participa en el recital poético en homenaje a Blasco Ibáñez

El poeta de L'Eliana recitó el poema de su autoría 'Yo Blasco'

El poeta de L'Eliana y miembro de la Jam Poética del municipio, Vicente Enguix, participó el pasado martes 28 de enero junto con otros autores valencianos , en el recital poético organizado por la regiduría de cultura del Ayuntamiento de Valencia conjuntamente con la Fundación Centro de Estudios Vicente Blasco Ibáñez, con motivo de las efemérides de la muerte y nacimiento del escritor y periodista valenciano Vicente Blasco Ibáñez . (28 /01 / 1867 - 29/ 01 /1928)

El acto que se celebró en la sala de exposiciones del consistorio valenciano, estuvo enmarcado dentro de las actividades paralelas que se han organizado en torno a la muestra de los tres grandes de Valencia "Blasco, Sorolla y Benlliure", que actualmente se expone el Ayuntamiento de la capital del Turia y que reúne más de 70 obras de estos artistas, muchas de ellas, inéditas al gran público.

Vicente Enguix, recitó el poema de su autoría "Yo Blasco" que a continuación reproducimos.

Yo, Blasco

Fue el siglo de Sorolla y de Benlliure.

Un periodo convulso, de gran cambio,

al que encallé un alegre san Valero.

Mi adolescencia saboreó el hambre

en la capital de España

cuando, huyendo de mi padre,

dejé Valencia a la espalda.

Mi pasión por navegar se nubló bajo una toga,

pero pronto los novillos me llevaron a su grupa

para vagar en las huertas u ocultarme por las playas.

Cuántas veces al banquillo, desde lesa majestad

por rimar con lo indebido, ¡hasta treinta veces más!,

la sombra vi como preso al asomar el político.

Fue el siglo de París -barrio latino-,

Balzac, Zola (sambenito),

Italia, estado de sitio;

cuando, al final, por otros de-Roteros

le di voz a mi Pueblo,

alumbrando miserias y atropellos.

Unos años feraces y feroces...

Desterrado hasta Madrid por un cordial enemigo.

Diputado en la República, solidario al deprimido.

Cambié centuria, de patria; de mítines y hemiciclo.

Con un amor decidido, más allá de dos espíritus.

Crucé el charco, rumbo al Plata, con Urano en la maleta.

A la orilla del río Negro protagonicé mi gesta,

blandiendo pendón y escudo del terruño y la sapiencia:

Nueva Valencia y Cervantes, como dos ebrias esencias,

se durmieron en mis hombros disecando mi cartera.

Del París americano al que yo caté, ¡al de veras!:

Primera Guerra Mundial.

Volví al trote, aún perseguido por fantasmas de ultramar.

Rebelde, libre, soberbio, ¡idealista del misterio!,

siempre Rosa, no sarasa, mudé de Malva a Fontana,

para seguir incansable navegando los tinteros

que hacen el mundo pequeño.

El celuloide logró aún más que me envaneciera;

alterné con Valentino y otras divas caraduras.

Golpe de estado certero de un tal Primo de Rivera.

Y, entre novela y novela, ataqué a la dictadura

con mi pluma envenenada, y renuncié a la Academia.

Funerales y esponsales de la mano se suceden,

despertándome pasiones, escenas de amor y muerte.

Con doce lustros a cuestas, siempre rampantes las garras,

el mismo Acuario adalid que me trajo a estas arenas

me sorprendió, siendo aún joven, para cortar mis amarras.

En-callé -dije al principio-. ¡Nadie me pudo callar!;

ahora menos, por escrito y anfitrión de estos amigos.

Os lego duelos y chismes, paisajes sobre tartana,

La Albufera que viví: Mis recuerdos más queridos.

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