Mariángeles González

Gente de aquí
Fuente

Hoy día sigo todavía bien de cerca la política, me interesa todo, aunque estoy un poco enfadada con la que está cayendo estos días. Confío en que se arregle".

A Mariángeles González Gómez la llaman en L’Eliana de varias maneras, como ella misma afirma con una amplia sonrisa,“unos me conocen por ‘La Suiza’, otros por ‘La Catalana’ y últimamente como ‘Mariángeles la del perrito’, depende de por qué faceta de mi vida me identifiquen”. Mariángeles González nació en Toledo en 1925. Sus primeros años de vida transcurrieron en Madrid pero pronto le pilló la guerra, quedándose huérfana de padre siendo todavía muy niña. Esta mujer de sonrisa contagiosa, valiente, segura de sí misma y, por encima de todo, amable y educada, ha cumplido 87 años de vida repartidos entre varias ciudades distintas. “Siempre trabajando”, comenta alegre, hasta que llegué a L’Eliana el sitio en el que vivo desde hace tres décadas, justo el tiempo desde que me jubilé. Empecé a trabajar con sólo 11 años cuando acabó la guerra civil, tras perder a mi padre en un campo de concentración. “Mi madre y yo - que era la mayor de cinco hermanos - tuvimos que hacernos cargo de todo. No pude ir al colegio, nos tuvimos que marchar de Madrid para trabajar en el campo, en Tudela del Duero en Valladolid, arrancando garbanzos, lavando en el rio para una familia y haciendo la cocina para otra. Recuerdo el invierno con un frio que pelaba y recorriendo 5 kilómetros diarios andando porque no quedaba otra”. A los 14, me trasladé a la capital nuevamente para servir y lo debí hacer muy mal pues trabajé en varias casas de las que me despedían”. Su suerte cambió cuando decidió irse a Barcelona, una etapa que recuerda con grandísimo afecto: “allí me empleé como cocinera en varias casas de familias de prestigio, como la de los Señores Andreu, el de las famosas pastillas. Aprendí a hablar catalán y también me permitieron estudiar, algo que cambió mi percepción de la vida. Allí conocí a mi marido, el hombre de mi vida, con quien me casé y con quien emprendí de nuevo un viaje, esta vez a Ginebra, Suiza. A ese país le debo todo, aunque trabajando mucho también, primero como planchadora, luego después de estudiar por las noches francés, pasé a forma del Departamento de Patología en el Hospital Cantonés Francés – lugar del que guardo el mejor de los recuerdos”. Trabajadora infatigable, Mariángeles, enviuda muy joven con sólo 41 años. Siempre con ganas de seguir adelante y con ganas de prosperar y dar a sus hijos la educación que ella no pudo tener, se atreve con una instancia en Naciones Unidas y, para su sorpresa, la aceptan. Allí se desempeñó como funcionaria internacional hasta que le llegó la hora de la jubilación. Fue entonces que vino a vivir a l’Eliana “como chaletera”, explica risueña. Un pueblo que no conocía y que eligió por razones familiares. Mariángeles se define, “como una mujer de izquierdas desde la cuna. Mi padre me inscribió bien pequeñita en el PSOE. Yo soy de las pioneras. Hoy día sigo todavía bien de cerca la política, me interesa todo, aunque estoy un poco enfadada con la que está cayendo estos días. Confío en que se arregle“. Le preguntamos antes de despedirnos sobre L’Eliana. Ágil, rápida, clara y concisa responde, “estoy encantada de vivir aquí, primero como chaletera, ahora en pleno centro del pueblo. Conozco a mucha gente muy buena. En L’Eliana hay de todo y se hacen diversidad de cosas entre las que puedes elegir. Es una ciudad solidaria y hay una gran vida cultural. No soy protagonista de nada aunque ahora me hacen un homenaje en la Unión de Pensionistas como la mujer más mayor del año 2012. Pinto, paseo, hablo con mis vecinos, todo eso casi con 90 años. ¿qué más puedo pedir? Cuando lo pienso no me lo puedo creer”.