El Aguijón es una sección de opinión en la que los participantes pueden exponer con total libertad su punto de vista sobre temas de actualidad y de interés que afectan a nuestra comunidad. Vivaleliana!, pretende ofrecer a sus lectores, claridad, libertad de crítica y argumentos, tomando partido, eso sí, con el debido fundamento y respeto, sobre las cosas que pasan a nuestro alrededor.
Vivaleliana! no se hace responsable de las opiniones vertidas sino que serán responsabilidad única de las personas que las escriben y firman.

Confieso que hemos dudado en publicar la lamentable noticia sobre el incidente acaecido tras el Pleno municipal de ayer.

No va con nuestra filosofía airear desencuentros, ni problemas de convivencia, ni disputas o rencores, ni mucho menos avivar esa clase de fuegos. Si lo prefieren, no es ése nuestro interés.

Pero al final, hemos concedido mayor peso a nuestra obligación de informar, de alertar a la sociedad civil de nuestro pueblo sobre la existencia de algunos energúmenos de diverso signo, capaces de alterar la convivencia democrática que tanto nos costó conseguir.

Dos incidentes en muy pocos días – las pintadas amenazantes en la sede del PP local y el insolente abordaje a un concejal de IU en la misma sala en que terminaba de celebrarse un Pleno – no pasan de ser, por fortuna, más que simples incidentes.

Pero los que creemos en nuestra capacidad social para dirimir nuestras diferencias sin recurrir a la violencia, ni a la amenaza o a la intimidación física o verbal, no podemos quedarnos callados ni de bajos cruzados pensando que estos hechos no tienen importancia.

Los demócratas, los civilizados, los que no deseamos mal a los demás por su manera de ser o pensar, tenemos que hacer saber a los energúmenos que no tienen cabida entre nosotros y que no estamos dispuestos a consentir sus excesos. Que estamos aquí, en inmensa mayoría, bien plantados para hacerles frente. Con la firmeza que nos concede la razón. Con la solidez que nutre nuestras convicciones. Con la valentía de afirmar que hay cuestiones en las que no puede prevalecer el temor o el interés.

Vivaleliana! condenó el cobarde asalto a la sede del PP local y hoy lamenta tener que condenar el despreciable abordaje a un concejal en la misma sala de plenos del Ayuntamiento. Esperemos que sea la última vez.

La aprobación por unanimidad en ese mismo pleno - que nos representa a todos los ciudadanos - de la moción presentada condenando el atentado contra la sede del PP local, es el ejemplo a seguir.

Ni uno más.

Germán López-Guitián

Esto mismo me pregunté yo el otro día cuando, tras acudir al servicio de urgencia del Centro de Salud de L’Eliana, necesité una a las dos de la mañana y tuve que ir a buscarla por las calles de otro pueblo que no era precisamente este.

¿Servicio de 24 horas? Sí, en Ribarroja y en La Pobla. Aquí no. Ni aún en temporada estival cuando L’Eliana es considerada como zona turística por la Conselleria de Sanitat. De hecho, tenemos médico de refuerzo que atiende a la población de L’Eliana y a la de San Antonio todos los días durante los tres meses de verano, pero no ocurre lo mismo con las farmacias.

¿Por qué? ¿Por qué no es posible que el Colegio de Farmacéuticos y la Dirección General de Farmacia aprueben un servicio ininterrumpido de farmacia en un municipio que tiene seis? Son puristas estableciendo “Zonas Básicas” (a saber: la nuestra está compuesta por La Pobla, Ribarroja, L’Eliana, Benaguacil y San Antonio de Benagéber) y “pejigueros” a la hora de imponernos aquí los horarios de apertura y cierre; sin embargo, parece que no han advertido que en la entrada de Valencia, concretamente en la avenida de les Corts Valencianes, hay dos de veinticuatro horas, una enfrente de la otra. ¿Es esta una “Zona Básica”?

Sé que esta discusión no es nueva, sé que nuestro Ayuntamiento ha realizado las gestiones pertinentes junto a ustedes, señores propietarios; pero también sé, y a la vista está, que nada prospera, que pasan los años con sus días y sus noches, con sus inviernos y sus veranos, y todo sigue igual.

¿Creen ustedes que en un futuro, más o menos próximo, será posible que este servicio, fundamental ya en este municipio por la extensión y la población que tiene durante todo el año y que se ve incrementada considerablemente en verano, forme parte de nuestras vidas, matizo: de las vidas de sus usuarios; vuelvo a matizar: de los usuarios de ustedes?

Por favor, señores farmacéuticos, vayan y hablen de nuevo con su Colegio; vayan y vuelvan a solicitar la ampliación horaria; vayan y, de paso, pregunten también por qué motivo solo sigue habiendo una farmacia en San Antonio de Benagéber, la misma de toda la vida, cuando por población le corresponderían ya tres. La misma que Plataforma SAB, el partido independiente de ese pueblo, denuncia por ocupar un local municipal con la cláusula de arrendamiento vigente desde los años 70.

A lo mejor, si entre todos hacemos un poquito de fuerza, si abren más farmacias en el pueblo de al lado y se vuelve a sumar la iniciativa de las instituciones, conseguimos de nuevo tener servicio farmacéutico aquí en L’Eliana las veinticuatro horas del día todos los días del año.

Carmen de Julián.

La lectura y la afición por los libros tienen que ver, en mi caso, con un afán posesivo, un afán por apropiarme de sus formas y contenidos que solo puedo explicar o justificar por la búsqueda desinteresada y apasionada de una historia y, por qué no, de la historia que subyace en cada una de sus páginas.

Busco sucesos que me conmuevan, que me hagan desear haber estado allí, haber vivido y participado en el avatar sin importarme las consecuencias. Sin embargo, resulta complicado descubrir y más aún describir ese momento de inflexión en el que perdemos la inocencia de nuestro mundo interior para mezclarlo con el mundo de nuestras afueras; dos mundos, por supuesto, terrenales.

En mi niñez, permanecí un tiempo largo encamado debido a una enfermedad crónica. El cuarto donde mi padre se aislaba para conversar con sus escritores predilectos permanecía a mi alcance y, poco a poco, me convertí en un pequeño ladrón de libros, hurtando algunos de aquellos volúmenes para devorarlos en mis horas de soledad y convalecencia.

Al principio nadie se dio cuenta, pero un día mi progenitor observó que alguien había alterado el orden de los volúmenes; donde debían estar los Verne, Salgari, Dumas, Stevenson, etc., aparecían los Tolstoi, Dickens, Balzac, Galdós, Zweig, Istrati (un autor raro, por cierto), Dhuamel (más raro), o Lotti (rarísimo y exótico), amén de otros, así que la autoridad familiar devolvió a su lugar aquellos ejemplares y los cerró bajo llave. Consideró que eran lecturas inapropiadas para un mocoso, me permitió, eso sí, el acceso a los libros de “aventuras” entre los que había auténticas joyas… como La isla del tesoro o Moby Dick.

Un buen día, el hacedor de mis días, intentando paliar mi aburrimiento, llegó con unos tebeos bajo el brazo y, a falta de libros, los tebeos (no eran aún cómics) se convirtieron en lo cotidiano. Y me alimenté de viñetas y bocadillos hasta recuperar el derecho a disfrutar de los libros. Las malas costumbres de la lectura llevaron a otras peores. Pronto pedí una libreta para escribir, no sabía bien qué. En un primer momento quería llevar un diario, sin embargo, consideré que la vida de un enfermo era poco interesante, de manera que escribí pequeñas historias sin sentido y así empezó todo.

De adulto seguí leyendo, pero acuciado por estudios y otros intereses me costó volver a la escritura. Lo hice a través de la historia, una dama de la que me enamoré y a la que quería dominar. La mejor forma de hacerlo era leerla y, ¿por qué no?, domarla, es decir, escribirla e incluso reescribirla para que otros pudieran leerla con mis palabras. Y me puse a ello.

Mi adoración por la lectura y mi necesidad de escribir entraron un día en contradicción con el sabio George Steiner a propósito de su opúsculo titulado El silencio de los libros. Me puse de inmediato en guardia, a favor y en contra de ese texto, por otra parte, maravilloso.

Steiner se refiere al silencio que necesita la lectura en una sociedad tan ruidosa y se muestra un tanto desmoralizado por su precaria situación actual. Afirma que la música es la forma más universal de la comunicación artística: “No hay un solo ser humano en el planeta ¾dice¾ que no tenga una u otra relación con la música”. Y añade leña al fuego: “La mayor parte de la humanidad no lee libros, pero canta y danza”.

Considero, de acuerdo con el maestro Steiner, que la música es superior a la palabra para comunicar sentimientos, pero no para desentrañarlos y ahondar en ellos. Y ahí en ese espacio, ora invisible, ora inabordable, están los libros, la lectura e incluso los lectores, y por extensión también los escritores como domadores de la palabra.

Si la lectura nos atrae lo suficiente como para alejarnos del “mundo real”, si esta atracción es tan fuerte y persistente que nos aparta de lo “rentable”, estaremos, amigos, practicando un vicio. Un vicio, como dice Michel Crépu, “impune”. No se trata, claro está, de la impunidad que ampara la evasión de impuestos o cualquier otra villanía. Estoy hablando de la liviana y elegante impunidad que se deriva del alejamiento de la barbarie. La receta: horas y horas de buenas lecturas. ¡Ah!, y no me pregunten qué son buenas lecturas…

Para acabar. Es cierto que los vicios de la lectura y la escritura guardan relación con generaciones y modos de vida que parecen alejados de las connotaciones que los hacen posibles, pero no se fíen de las apariencias porque estas suelen engañar.

Romper con el pesimismo que se cierne sobre la lectura y sobre la escritura o acabar con el mito de que cada vez se lee menos y se escribe peor es deber de los lectores y de los escritores, pero también de los ciudadanos libres en general. Me resisto a admitir las profecías que han enterrado el vicio de la lectura y la necesidad de la escritura. ¿Creemos, de verdad, que dentro de unos años nadie leerá un puñetero libro ni escribirá algo original y apasionante?

Creo, como el viejo y adorado Alonso Quijano, que es posible luchar contra los molinos de viento llevando adelante un proyecto de vida utópico que, por serlo, sigue y seguirá estando contra el mundo que se empeña en contradecirlo.

José Antonio Vidal Castaño.

Más artículos...