El Aguijón es una sección de opinión en la que los participantes pueden exponer con total libertad su punto de vista sobre temas de actualidad y de interés que afectan a nuestra comunidad. Vivaleliana!, pretende ofrecer a sus lectores, claridad, libertad de crítica y argumentos, tomando partido, eso sí, con el debido fundamento y respeto, sobre las cosas que pasan a nuestro alrededor.
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Ahora, sí. Ahora empieza a vislumbrarse la salida de la crisis: ¡arranca (vocablo deportivo donde los haya) el campeonato nacional de fútbol! Ahora, sí que estamos salvados. Que nuestra universidades vayan perdiendo posiciones en la clasificación global, no tiene la menor importancia. Lo importante es que todo vuelve a su sitio, con chinos y todo; que la vuelta al cole está todavía más cerca y día llegará en que coincidan. Propongo a María José Catalá que complete su faena marcando el lunes siguiente a la primera jornada liguera como el arranque educativo. Valencianicemos la fusión de la patada y el estudio. Será un buen modo de unir a las familias, así como de ofrendar nuevas glorias a España.

Rafa Prats

Hoy es un buen día para comenzar a escribir en vivaleliana, porque el ecuador de agosto tiene sus propios significados: Ferragosto (palabra italiana, derivada de la locución latina Feriae Agusti), festividad instituida por el emperador Augusto en el año 18 antes de Cristo, la cual se sumó a las antiguas celebraciones del fin de las tareas agrícolas y de las que ya se tiene noticia de éxodos masivos hacia el campo o la playa; la Iglesia Católica, en su ánimo de santificarlo todo, convirtió la fiesta laica en la Asunción de la Virgen a los cielos. Así que, con Augusto y con María, nacen mis cuitas del viernes en este diario digital de L’Eliana. Las campanas de las torres de nuestros templos vuelven a ser volteadas como casi todos días, por lo que al escucharlas nadie sabrá si se trata de una fiesta mayor, algo que viene sucediendo desde que voltearlas resulta tan fácil como apretar un botón. Por mi, que suenen para celebrar mi bautismo en estas páginas vituales.

Rafa Prats

Vaya por delante que no soy dada a la exposición pública de los asuntos familiares. Ahora ha llegado a un punto en que creo que no me afecta únicamente a mí. Es algo universal, por eso lo cuento. Pero hablemos de lo que ha motivado este escrito.

Mi madre es una enferma terminal. Emplearé lenguaje coloquial para que todo el mundo me entienda. Tiene Alzheimer desde hace muchos años, ahora está en el último grado de la enfermedad y lleva más de dos años encamada. Su cuerpo es un esqueleto, la prótesis de la rodilla ya no le encaja, el hueso se ha roto y le ha perforado la piel, lleva una escayola desde el tobillo hasta el muslo. Tiene una úlcera en la otra rodilla por el roce y otra en la espalda por presión. Come con espesante y traga mal, no sabe lo que come, es un acto reflejo. No entraré en más detalles, es desagradable, lo sé. Era necesario. Lleva parches de morfina, pero sufre. Sufre cuando la mueven, sufre cuando la curan. Tiene fiebre.

Es una enferma terminal y no se muere…, porque es fuerte y porque le están administrando antibióticos. Soy su hija, su única hija, la conozco y estoy segura de que ella no querría. Me niego está sufriendo, mi opinión no sirve. Quiero que la dejen morir en paz y le den sedantes para el dolor, mi opinión no vale. Quiero que no le den antibióticos porque eso no es un tratamiento paliativo, es un tratamiento en toda regla que lo único que hace es prolongarle la agonía…, hasta que su cuerpo también los rechace.

Está bien atendida, hacen lo que deben con un paciente, dicen. Si fuera para ellos... ¡Ah, eso es otra historia! No me queda más que seguir luchando. Tendré que acudir a un juez, a un médico que opine como yo; los hay y voy a buscarlo… ¿Hasta cuándo?

Mientras tanto tendremos que esperar a que Dios, a que dios (sí con mayúscula y con minúscula, también va en opiniones) y algunos Médicos, algunos médicos (¿también con mayúscula y con minúscula?), en este país, decidan. A pesar de la evidencia y de la oposición de los familiares.

Yo, visto lo visto, llevo junto al carnet de identidad el “Testamento Vital”. Disculpad mi atrevimiento.

Mª Dolores Román Casanova

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